[· Lo mismo pasaba con las palabras. Decirlas en exceso, repetirlas hasta el cansancio, las lleva a tal extremo del sinsentido que no sólo pierden la credibilidad sino que además se las olvida, se equivoca su pronunciación, el orden real de las sílabas. También los recuerdos comienzan a circunscribirse en las mismas palabras que uno repite y repite al narrarlos, a quedar encerrados, a sonar como una de esas mentiras que uno inventaba cuando niño y que contaba tantas veces que terminaba por creérselas ·]
Todo lo que sé de tu alma
alcanza a la vitrina
alcanza lo observado
alcanza lo publicado
obligandome a saber
lo que no quieres mostrar
pasando el límite terrenal
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